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Mucho antes de convertirse en sede partidaria, este edificio ya formaba parte de la historia de Montevideo. Desde sus orígenes en el siglo XIX hasta su consolidación como símbolo de la vida democrática del Uruguay, la Casa del Partido Colorado ha sido escenario de debates, convicciones, encuentros y momentos decisivos que marcaron al país.

El escribano Francisco Araúcho, en representación del Supremo Gobierno de la República, autorizó la salida fiscal del solar que fue adquirido por María Corbella.
Ramón Massini lo compró, pasando luego a su hija Dolores y posteriormente a su nieta Flora Grenfell Massini de Haigh en 1871.
1836
María Engracia Parker compra el solar y al año siguiente lo vende a Adolfo Nubeel, quien construye el primer edificio del que se tiene noticia en el lugar.
tras una ejecución hipotecaria, pasó a manos de Antonio Agustini y más tarde a su hijo Antonio S. Agustini.
Bajo la presidencia de José Batlle y Ordóñez, Casimira Chavarría de Cordero y su hija Josefina compran el inmueble.
Octubre 1941
Tras una campaña de recolección de fondos entre adherentes batllistas, la colectividad fundada por Fructuoso Rivera y renovada por José Batlle y Ordóñez pudo iniciar los trabajos de reciclaje de la antigua casona ubicada en la actual calle Andrés Martínez Trueba Nº 1271.
Uno de los hijos de Batlle y Ordóñez, César Batlle Pacheco, fue el abanderado de la adquisición de este inmueble, el cual se escrituró a su nombre el 8 de octubre de 1942 ante el escribano Jorge Carbonell. Luego se sumarán dos padrones linderos, que dan hacia las calles San José y Soriano.
Así nace la Casa del Partido.
La Casa del Partido Colorado ha sido, a lo largo de sus ocho décadas de historia, mucho más que una sede partidaria.Ha sido un espacio de referencia social para honrar la memoria de grandes personalidades, un refugio de libertad para demócratas de Europa y América perseguidos por regímenes autoritarios, y un ámbito que recibió a destacadas figuras de la cultura nacional e internacional, entre ellas Mario Vargas Llosa.

En sus salas, mujeres y hombres con vocación de servicio público participaron de algunos de los momentos más significativos de la vida política del país: los debates de las décadas del 40 y del 50, la defensa de las instituciones democráticas y la alegría popular de 1984, cuando Julio María Sanguinetti fue electo como el primer presidente del retorno a la democracia.

La Casa se distingue también por su riqueza patrimonial y arquitectónica. Su acceso señorial, con mármoles nobles y puertas cancel de época con cristales tallados, conduce a un patio central coronado por una gran claraboya, con pavimento en damero blanco y negro de mármol y columnas de acero torneadas. Bustos de Baltasar Brum, Garibaldi, Rivera y José Batlle y Ordóñez aportan solemnidad a ese espacio.
A su alrededor se distribuyen áreas administrativas y salas de reunión que llevan nombres de figuras del partido, como la Sala José Batlle y Ordóñez —que homenajea también a su esposa, Matilde Pacheco— y la Sala Fructuoso Rivera, donde se conserva un primer ejemplar del diario El Día de 1886.
Entre sus ámbitos más emblemáticos se encuentra la Sala de la Convención, denominada Sala Jorge Batlle, escenario central de grandes convenciones y decisiones partidarias. Debajo de ella, en un espacio que antiguamente funcionó como cancha de básquetbol y lugar de práctica de esgrima, subsiste un amplio subsuelo hoy destinado a depósito, donde, según se recuerda, también existió un baño turco.

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